Hasta no hace demasiado tiempo, no teníamos mucha idea de lo que eran las frutas del bosque; nos sonaban a cuento infantil o a otras regiones más allá del Muro. Sin embargo, estas pequeñas frutillas son muy beneficiosas para nuestra salud, las podemos encontrar ya en casi cualquier supermercado o mercado y además ¡están riquísimas!

Entre sus variedades podemos encontrar moras, frambuesas, arándanos negros y rojos, grosellas, fresones, escaramujo, etc. Son ricas en vitamina C, hierro y taninos ( sí, como en el vino ¿ No os dicen mucho eso de “ este vino me recuerda a moras o a frambuesas?”) Su poder antioxidante es de todos conocidos e incluso algunas de ellas son beneficiosas para el sistema urinario y el flujo sanguíneo.

En la cocina, las podemos utilizar para diferentes elaboraciones. A  muchos nos gustan en mermelada o jalea, o como parte de una refrescante ensalada.  Las usamos también para aromatizar panes y bizcochos. Como elemento decorativo en repostería quedan de lujo. Las desecamos y así tenemos un tentempié sano y ligero para las medias mañana. Si las compramos congeladas , las aprovechamos para hacer  batidos, zumos, sorbetes, helados, etc.. Como veis, de todo un poco.Para su conservación es mejor no lavarlas  antes de usarlas y guardarlas refrigeradas y sin que se amontonen ya que no soportan la humedad.

Por su gran versatilidad y beneficios, es importante consumir estos pequeños frutos que tanta alegrías nos dan.

PD: La foto es de nuestras tartas. Esta es de frutos rojos y crema de queso.